Pensamientos en una sala de cine

El cine, tiene la capacidad de crear universos, regresar o avanzar en el tiempo, contribuye a nuestra imaginación y a nuestros estándares.

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Por: Karina Vera

Las películas pueden ser tan colectivas o personales como espectadores en una sala de cine, los films desde su concepción están pensados para hacer sentir o generar pensamientos, la construcción por simple que parezca, tienen debajo de todo artificio, un mensaje que en más de una ocasión puede quedarse dando vueltas en la cabeza de las personas, lo que las hace individuales. Esto nos lleva a pensar en los juicios de valor y en lo que hace o no buena a una película, jamás estaremos todos de acuerdo porque todos vemos cosas distintas, de eso se trata el cine, es una experiencia colectiva, pero tan personal como se quiera hacer, la percepción es tan subjetiva, que nunca sabremos si alguna vez se ha hecho una “buena película” Lo cierto y como lo dijo The Acadamy, el cine te cambia, la forma en que ves el mundo, la forma  de relacionarte  y sobretodo cómo te ves a ti mismo y cómo ves al otro.

El cine, tiene la capacidad de crear universos, regresar o avanzar en el tiempo, contribuye a nuestra imaginación y a nuestros estándares, es a través del cine que podemos reflexionar sobre hechos que suceden todos los días o que nos marcaron, que quedaron como una cicatriz en la memoria del mundo. Es así como el cine permea en la memoria, porque los recuerdos no vienen en palabras, sino en imágenes (Pasolini); uno de los últimos films que apelan a la memoria, es “Jojo Rabbit”, que a simple vista puede parecer sólo una película con un humor ácido, pero que si le ponemos atención es mucho más que eso, la historia de un niño adoctrinado y privilegiado dentro de una sociedad nazi, que son sus creencias mismas las que lo despojan de todo aquello a lo que ama, un niño no debería de perder nada y aún así lo pierde todo, sin embargo, logra hacerse amigo de una niña judía, porque para un niño no hay disparidad, ninguno de los dos logra entender porqué son diferentes si en apariencia y de alguna manera, en pensamiento, tampoco lo son. Poner en duda lo que se cree es el acto más rebelde que existe.

Taika Waititi, a pesar de tener una película cruda, la convierte en una pieza excepcional, la estética del film recuerda a Wes Anderson, por su paleta de colores pastel y tomas perfectamente encuadradas en donde si pusiéramos pausa en cualquier momento de la película, seguiría siendo el cuadro perfecto, una foto. Por otro lado, esta estética preciosista, es todo lo contrario al subtexto de la película, hace hasta cierto punto parezca un cuento de hadas, cuando en realidad es una pesadilla; el personaje de JoJo y su amigo imaginario Hitler, son una contraposición, ya que Jojo siempre tiene sus dudas sobre lo que tiene que hacer y Hitler sólo está como la representación cómica de un absurdo nazismo que no aporta nada, más que en este caso, buenos gags. Este film cuenta con sutilezas, que son incluso mucho más crueles que una escena explícita, por ejemplo: el momento de los zapatos o el sonido del fusilamiento del capitán. Waititi logra con maestría transmitir y fluir entre emociones y sensaciones, es sin duda, una de las mejores películas del año, que aunque no es la más ganadora, logra colarse dentro de las nominaciones a mejor película, que sin duda, está a la par de “Parasite”.

De alguna manera, estamos acostumbrados a que se hable demasiado de una película que merece premios y provoque discusión, sin embargo, sin tanto ruido, un poco más sutil, tal como sus escenas, JoJo Rabbit logra estar entre las mejores del 2019.