¿Qué le decimos al dios de la muerte?

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Por Uziel Medina Mejorada

-¿Qué le decimos al dios de la muerte?- le pregunta el “maestro de danza”, Syrio Forel a su aprendiz, Arya Stark, al tiempo que la Casa Lannister se apodera del Trono de Hierro. La pregunta de la Primera Espada de Bravos, de la serie Juego de Tronos me vino a la memoria al cruzar las calles de la Ciudad de México mientras la amenaza del COVID-19 se ha hecho presente en el país.

Mucha ha sido la controversia en los últimos días a partir de las medidas de distanciamiento social que se han venido implementando en México, con la finalidad de hacer frente al Coronavirus. Esta controversia tiene en el ojo de la opinión pública al propio Andrés Manuel López Obrador, al no detener sus giras, sobre todo en comunidades que se han caracterizado por la marginación.

Si una función social ha tenido el Coronavirus, ésta es definitivamente la de visibilizar con crudeza la desigualdad, normalizada y minimizada por la cultura del capitalismo. La demora del Presidente para tomar “Susana Distancia”, pese a las recomendaciones del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, motivó a la oposición y figuras públicas a reprobar la aparentemente negligente fuerza moral del Presidente de la República.

“Temo al coronavirus, pero temo más morir de hambre”, “¿Quién me va a mantener?”, “Si me quedo en casa, me muero de hambre” son algunas de las expresiones que suenan en las calles, donde la mal llamada informalidad abunda, donde la seguridad social es un lujo.

Mucho se ha mencionado que el COVID 19 ha colapsado lo sistemas de salud, pero la realidad es que ha puesto al desnudo un sistema económico insostenible, el Coronavirus puso en la misma balanza a pobres y a ricos, aplastó la política, abofeteó al sistema financiero y humilló a los Estados. Mientras aquellos que cuentan con los medios para soportar el enclaustramiento se atemorizan con la aparente irresponsabilidad de los que no abandonan el trabajo, los menos pudientes solamente tratan de extender su supervivencia un día más.

Mientras unos nos podemos quedar en casa, hay un sector de la población que no se puede dar ese lujo; los recolectores de basura, limpiaparabirsas, comerciantes en el espacio público, repartidores de agua y alimentos, policías, entre otros, que no tienen más remedio que salir de casa, quizá con la bendición de un familiar y esperar que ni el virus, ni el hambre los puedan matar, no hoy.

Antes de que el virus nos obligue a cambiar el sistema económico, antes de que los partidos políticos bajen sus banderas y actúen en un frente común, antes de que la oposición y el oficialismo hagan tregua, antes de que los diputados se animen a prestar más atención en el presupuesto de egresos de la federación, antes de cualquier discurso que queramos sembrar en la población, hay una conversación tormentosa que retumba día y noche en los pensamientos de millones de Mexicanos:

– ¿Qué le decimos al dios de la muerte?
– ¡No hoy!