Stirling Moss: Un campeón sin corona

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Por Bruno Gasi.

Ayer Stirling Moss completó la vuelta de la vida. Su determinación y compromiso lo consagran como “Mr. Motor Racing”. Construyó la época más desafiante de la historia del automovilismo, en donde el éxito estaba tentado por la tragedia; cuando la muerte no era más que la sombra de todo aquel que desafiara los límites de lo imaginable. Juan Manuel Fangio admitió que su único temor en la pista tenía nombre: Stirling Moss, quien corrió para Mercedes-Benz y Maserati en la máxima categoría.

Nunca ganó un Campeonato Mundial. Fue cuatro veces subcampeón y tres veces tercero. “Perdió” (cedió) el título en 1958 tras un acto deportivo desenfadado cuando negó la descalificación de su rival más fuerte, algo insólito hasta la fecha. Un destello de su firmeza como persona más allá del volante.

Moss redefinió y cuestionó lo que significaba ser un verdadero ganador. Existe un malentendido entre competencia y arrogancia. Stirling es un claro ejemplo de que la victoria es un logro subjetivo, no un sinónimo de excelencia. Enzo Ferrari — obsesionado con siempre ser el mejor — alguna vez dijo que si Moss hubiera puesto la razón sobre la pasión, hubiera conseguido varios títulos mundiales, pero esa no era la naturaleza del piloto. Su pasión era el automovilismo, no el protagonismo.

Pese a tener un retiro prematuro en su etapa más brillante a causa de un accidente comenzando la década de los sesenta, Stirling Moss había trazado un camino que Stewart, Piquet, Prost, Mansell, Senna, Hill y Schumacher, todos con títulos mundiales en la bolsa, seguirían. Un ícono, un campeón sin corona.