La lucha feminista perdura en el devenir histórico

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Collage por Nicole Charreire.

Por Nicole Charreire.

Si bien, el tiempo es sabio al igual que un enigma en los propósitos del humano. El 2020 nos ha anonadado mas no ha alcanzado a amordazar la voz de una lucha que se ha perseguido por años. Los efectos expulsados a partir de la marcha del 8 de marzo de este año siguen moviendo piezas elementales para el desarrollo de una conciencia responsable sobre la coexistencia de cada individuo en sociedad. Me propongo analizar la importancia de mirar los efectos de la voz que se ha levantado gracias a las marchas feministas.

Vivimos en una constante injusticia de las acciones que transgreden nuestro día a día, violentando, sembrando sufrimiento y sepultando la voz de quienes han sido arrastradxs. El poder de la ética es la que se levanta a luchar para exigir aquel respeto nulo, la integridad física y psicológica, la solidaridad y la empatía a la diversidad racial y sectorial. El feminismo, como la lucha por los derechos de la igualdad de género y de oportunidades, no propone el poder sobre los hombres, sino el poder como búsqueda de la emancipación del sesgo establecido en ambos géneros. Así que es importante entender que el feminismo no es el reverso del machismo.

La lucha busca cambiar esta cultura opresiva, la violencia y fomentar la importancia de la consciencia del consentimiento. Me parece que sigue siendo tabú que la mayor parte de nuestro capital está sexualizado, pues la procreación y el placer es el instinto primario del ser humano. Sin embargo, la falta de cultivo inteligible sobre el tema ha creado ideas erróneas e ignorantes de la perspectiva tornando a una sociedad misógina — ya sea por la falta de información o por el nulo consentimiento, ambos parten de la educación.

Ha sido regulado a lo largo de la historia la perspectiva a la sexualidad pues mediante el contexto parece que se tienen que desarrollar responsabilidades para ejercer el derecho a la vida. Enlistaré las consecuencias de éste para ambos géneros:

  •   El cuidado de salud por un embarazo
  •   El cuidado del aborto por un embarazo no deseado
  •   Rasgaduras internas por una violación
  •   Enfermedades de transmisión sexual
  •   Daño psicológico
  •   Falta de recursos para mantener las vidas de una madre, un padre e hijos
  •   La muerte

                                                                                       Entre muchas otras.

Me detengo a mencionarlas pues me parece fundamental para entender por qué se ha satanizado la actividad sexual y ahora es momento, pues no se ha logrado, de conectar y abrir nuestra capacidad racional. Esto permitiría que el derecho a la educación — amplia información verídica — es más importante que canalizar la información en ordenes estrictas y tabúes como lo esconde la religión y la antigua educación conservadora en los hogares, pues confunden y ocultan la verdadera forma de concientizar a la sociedad y a los jóvenes para conocer su cuerpo. Para elegir responsablemente.

Aquí entra la moral sesgada de la desigualdad de género. Si fuéramos educados con la información correcta, mínimamente genuina de libertad, de la actividad del ser humano y de la naturaleza, ambos géneros seríamos empáticos a las diferencias que sostenemos. La búsqueda de igualdad también lleva consigo estar conscientes de que la única diferencia entre el hombre y la mujer es la capacidad que tiene cada aparato reproductor sexual pero eso no exenta de todas las circunstancias que ambos pueden empatar como realidad de desarrollarse y desenvolverse constructivamente en la cotidianidad.

Cada contacto a lo ajeno merece el consentimiento de la otra persona. Un valor ético como bien ha sido mencionado, es la empatía o mínimamente el entendimiento de que como seres individuales, hay más individuos que lidian y luchan diariamente con adversidades. Transgredir al otro es el verdadero mal creado por el propio humano y la capacidad de usar la libertad nos da la pauta y cesura para reflexionar nuestros actos. Entre estos actos, por más obviedad que conlleve, enlistaré casos de transgresiones y violencia diaria:

  • Manipular la información
  • Manipular a una persona
  • Omitir el consentimiento sexual, en sustancias, entre otros
  • Sumisión
  • Esclavitud
  • Agresiones verbales como piropos, insultos, amenazas, entre otros.
  • Agresiones físicas
  • Violaciones sexuales
  • Secuestros
  • Asesinatos

Entre muchos otros.

Puede ser evidente la escala en las acciones, a mi parecer todas deben de ser erradicadas de la mentalidad humana. No es una utopía, es la realidad que se obtiene de quien se permite reflexionar vivir con bien.

Las marchas han ayudado a hacer ruido y despertar a los ignorantes. A gritar por las mujeres que no pudieron salvar su vida, su sexualidad, su salud, a las mujeres que viven con miedo, a las familias que perdieron seres amados. Me parece que la rabia procedente de estas violaciones es el efecto más humano de la impotencia acumulada por los seres corruptos e impunes. Más allá del castigo, son víctimas de la ignorancia y la maldad.

Vivimos en un sistema patriarcal que emana ostensiblemente la oposición del hombre — macho idealizado como el masculino de carácter opresor — contra la mujer. Desde el inicio de la historia y la creación de sociedades, la mujer ha sido encubierta por el hogar servicial como progenitora, procreadora y débil. El hombre como proveedor fuerte y guerrero, que a fomentado a los estándares por antonomasia ser mujer u hombre.

Lo anterior ha dado el efecto de repercutir en los roles e imposiciones sociales que le arrancó a la mujer la libertad. Gracias a movimientos y revoluciones se ha logrado que la mujer:

  • Pueda votar
  • Pueda ir a la universidad
  • El divorcio
  • La custodia en hijos e hijas
  • Protestar ante La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano
  • Vindicar a la mujer

Pero esto aun no alcanza la igualdad de género y el respeto sexual para tener total decisión sobre nuestro cuerpo y mente. Necesitamos deconstruir la historia, tomar sus vísceras, restablecer la educación y fomentar el poder ético. La lucha es por los otros y las otras, por espacios seguros, por los ambientes que compartimos, por una vida digna.

Ninguna protesta es cómoda, las protestas se manifiestan vehemente. Buscan sacudir a los que están en el poder para tomar acciones que resuenen en quienes no han recibido la educación suficiente y han salido impunes de sus garrafales acciones. Incluso, al consciente que decide evadir responsabilidad de sus actos.

Es devastador ver como los medios juegan con los hechos y manipulan a los espectadores de noticias. De la misma manera la transgresión a inocentes desde cualquier perspectiva es injusta, así como “echarle diamantina rosa a Jesus Orta” – ex secretario de seguridad de la Ciudad de México – o “sacar del vagón del metro” a un señor que insultó y violentó a las mujeres de la marcha. Éstas son actitudes impulsivas, contradictorias a la búsqueda de paz e igualdad, pero de la misma manera con causas y efectos con un discurso e intención revolucionaria.

Las mujeres queremos paz, velar a sus seres violentadas y violentados. Sólo somos personas exigiendo una vida digna. Queremos hacer historia y transformarla, hacer nuestro movimiento que ni siquiera tendríamos por qué exigir. Todas/os merecemos seguridad, respeto y bienestar; lo que alimenta la llama del coraje en estas marchas es cómo puede el opresor seguir siendo ciego de arrebatarle la libertad a alguien por falta de cordura y humanidad. Ese es el grito más puro, la razón de este caos, un desastre con propósito. Es una injuria como minimizan nuestro sufrimiento, somos las que día a día no podemos asegurarnos una vida digna; salir y regresar a nuestras casas.

                                                                                    Entre muchas otras.

Personalmente añado: poco a poco se irá acomodando todo si se persiste con la voz y fe más honesta. Hoy que estás en casa, no te preocupes del ayer, hoy transforma tu libertad sin transgredir y vive.