Los lazos de amistad perpetua que estrechará la pandemia

121

Por Patricia Talavera.

La emergencia sanitaria del Covid-19 nos ha llevado a grandes reflexiones, una de ellas versa sobre extrañar el contacto social. ¿Qué tan necesario es estar en comunicación con el mundo exterior a nuestro departamento o casa?

Pareciera no ser tan necesario, pues a través de la tecnología podemos acceder a casi todo. Sin embargo, entre más pasa el tiempo, más nos damos cuenta que siempre podemos estar mejor…¿o no? 

Estos momentos de aislamiento nos dejan sin duda un gran aprendizaje: valorar personas y momentos que antes no valorábamos tanto. Es indiscutible que extrañamos la cercanía física, se nota en los mensajes públicos y privados entre personas que leemos gracias a las redes sociales. El contacto físico con la gente es necesario, si bien el contacto virtual sostiene el vínculo desde la mirada y la voz, no refleja las emociones como lo hace el cuerpo presencial. 

Las redes sociales permiten la unión entre personas que posiblemente se encuentren lejanas físicamente, ¿por qué, a pesar de tener muchos amigos en las redes sociales, en ocasiones nuestro corazón evoca la sensación de soledad? 

Confirmo que el hombre es un ente completamente social y requiere contacto humano, no le bastan los recursos tecnológicos, o al menos no por el momento. Bien dicen que la crisis nos ayuda a reinventarnos, pues hoy nos toca, precisamente, reinventarnos y así trascender. Me refiero a poner un alto al mundo tecnológico y tomarnos el tiempo necesario para convivir con las personas, más que con nuestro celular, televisión o computadora. Porque la convivencia es lo que realmente nos llena y hoy definitivamente nos sentimos desnutridos. 

Es momento para revalorarnos y amarnos, más allá del ajetreo diario. Con la serenidad y la calma que nos inspira la obligada conciencia en momentos de cuarentena sanitaria y que en muchos lugares se ha transformado en dobles o triples cuarentenas. Cuando revaloramos la vida, revaloramos todo lo que en ella genera sentido, el “estar” y el “ser” no resulta suficiente si no se comparte con alguien. Compartir es entonces una de las trascendencias más grandes, pues implica el contacto a partir de los vínculos afectivos. 

Veamos alrededor y mostremos afecto por quien se encuentra cerca, si estamos solos hagámoslo con el vecino, a quien posiblemente sólo saludaste una vez el año pasado y fue porque su carro te estorbaba; quizá también viva solo, escríbele y pregúntale cómo se siente. 

Los invito a tejer esos lazos de amistad perpetua, les propongo usar la tecnología para estrechar los lazos de amor y decir muchos “te amo” a quienes hemos extrañado en estos momentos. Un “perdón” a quien le hemos herido, un “lo siento” a quien le hemos fallado. Necesitamos reconciliar a la humanidad con la humanidad misma y con sus entornos ambientales. Nos hemos fallado tanto, que merecemos volver a empezar más fuertes y humanos. Llenemos este mundo de buenos deseos. 

Este es un llamado a quienes, como yo, abren su corazón para platicar y compartir. Te ofrezco ser tu amiga, háblame cuando necesites platicar, escríbeme lo que necesites contar; yo te escucharé, no te juzgaré y te abrazaré con el corazón, porque así como tú, yo también siento esta soledad que me permite reinventarme. Estoy aquí para ti y por esta humanidad que tanto me ha dado.