¿Aún hay cabida para los concursos de belleza?

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Por Lupita Mejía.

Es común que algunos colegios en época primaveral anuncien su disposición de llevar a cabo una costumbre tan tétrica como irracional: nombrar a la “reina de primavera”, “reina de Mayo” o cualquier nombre similar. Gustosas las niñas seleccionadas, se encargan de acumular el mayor número de votos posibles y de resultar ganadoras, afirman su triunfo con una corona de plástico y aceptan desfilar por los pasillos; podría leerse exagerado, pero ésta práctica tiene una réplica en mayor escala, a la cual nuevamente asisten decenas de jóvenes deseosas de apoderarse de un título como benefactora de las “buenas causas”.

Hace algunos días, leía en periódicos nacionales la posible extinción del concurso de Miss México -en general, cualquier competencia de belleza- y no pude más que horrorizarme. ¿Cómo sería posible tal descaro de eliminar un entretenimiento masculino?, ¿cómo conoceremos los logros de las mujeres si no lo anuncian con trajes de baño?, y peor aún, ¿cuál sería el futuro de Lupita Jones?, mujer entrañable de la cultura mexicana que ha tomado bajo su manto a tantas mujeres jóvenes. Pero tuve que armarme de valor para digerir tan inimaginable noticia y escribir este artículo.

De acuerdo con el Boletín Oficial de la Cámara de Diputados, la Comisión de Igualdad de Género propuso una reforma para incluir la violencia simbólica, dentro de la agenda a tratar. Lo anterior, se refiere a aquel tipo de violencia que es perceptible en los medios de comunicación -cine, televisión, prensa- o a través de costumbres y tradiciones que están tan arraigadas a lo cotidiano que son difíciles de percibir: sutilezas en comentarios o expresiones elevadas como un concurso de belleza.

Ante esto, “las diputadas Beatriz Rojas Martínez de Morena, María Guadalupe Almaguer Pardo (PRD) y Frida Alejandra Esparza (PRD) desean realizar avances en las reformas en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia[1], por lo que los certámenes de esta índole deberán dejar de financiarse por vías públicas y en un futuro, se espera erradicarlas por completo.

Casi inmediatamente a la ex Miss Universo Jones, le pareció una aberración la iniciativa que pretende eliminar su “validación” ante el público mexicano y en cuestión de días, declaró errada esta pretensión, puesto que “los concursos de belleza empoderan […] no hay que criminalizar la belleza. Los concursos capacitan, entrenan, forman y fortalecen a las mujeres […] así como proveerles de oportunidades laborales.”

Es curioso la selección de palabras utilizadas por Jones, criminalizan la belleza, y por lo mismo hay que pensar verdaderamente qué representan estos concursos; los defensores argumentan su utilidad como plataforma para mostrar las capacidades, habilidades de las participantes mientras se apoya una causa social.

No hay duda en que la mayoría de las concursantes cuentan con carreras universitarias o trabajos comunitarios que respalden su preparación, pero es preciso decirlo abiertamente, los certámenes no evalúan el intelecto, pero la medida de la cintura, la altura y rasgos físicos; ¿por qué deben posar en ropa interior mientras “hablan” de problemáticas sociales? A la mujer usualmente no se le toma en serio, a menos que su discurso se promueva con el mínimo de ropa.

El cuerpo se ha convertido en un objeto de consumo, una mercancía que es preciso poseer y validar mediante votaciones por conocer a la “mujer más hermosa del mundo”. Se podrá argumentar que los hombres, son partícipes de una sexualización similar con los concursos de fisicoculturismo, y aunque también ellos están atrapados con estándares de belleza, su aceptación en la sociedad e importancia no depende de estos concursos, pueden participar o abstenerse de hacerlo, pero sus opiniones y posición de privilegio permanecen.

Mientras leía esta noticia, pude percatarme de comentarios que se burlaban de tal iniciativa, calificando a las senadoras y feministas como “mujeres feas”, “mujeres que seguro, no pudieron entrar a ese concurso”, he aquí la raíz del problema. Se señala a la mujer que denuncia prácticas de violencia, siendo motivo de burla y escarnio, porque el cuerpo femenino es percibido como un objeto al cual se puede tocar a placer, juzgar y convertir en fetiche por la mirada de miles y miles de televidentes que opinan si merece o no ser coronada; hay que ser realistas, los trabajos humanitarios son sólo la fachada que justifica la cosificación: puedo hacer lo que me plazca, mientras que me respalde una “buena” y “honorable” acción.

Cada día, 10 mujeres son víctimas de feminicidio. México, siendo uno de los países con más altos índices de impunidad; este es el verdadero crimen que las mujeres enfrentan, no una inexistente “criminalización de la belleza”. En un país donde la mujer es un cuerpo que puede utilizarse y desecharse en bolsas de plástico sin repercusiones, se aprende que la importancia radica en ser ganadora de un desfile de locos con estereotipos, jugando al juego de las redes de poder clasista, racista y homofóbico. ¿O acaso los concursos no discriminan a comunidades indígenas, comunidad trans?, ¿pueden participar mujeres de todas las edades y apariencia física?, ¿por qué no proveer un mensaje de amor y respeto propio, sin la necesidad de recibir una calificación?

Es momento de erradicar prácticas que vulneran a las mujeres y pensar que forman parte de una identidad nacional, es la hora de crear espacios de diálogo, así como fomento a la participación femenina en la vida pública y política, sin la necesidad de intermediarios. No debe haber cabida para criaturas nocturnas que se alimentan del poder que ostentaron hace tiempo, ahora, es preciso que encuentren un trabajo real.

[1] https://comunicacionnoticias.diputados.gob.mx/comunicacion/index.php/boletines/la-comision-de-igualdad-de-genero-avanza-en-reformas-para-definir-e-incluir-la-violencia-simbolica#gsc.tab=0

 

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