Chanclazos, no balazos

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Por Nestor Leandro.

Con la pandemia, se ocultó la existencia del otro México, el México rojo, el México sangriento que no guarda sana distancia y que no se queda en casa. El encierro también fastidió a la violencia.

El reciente atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch deja al descubierto las mentiras que las administraciones capitalinas surgidas de la izquierda han esgrimido desde que se elige al jefe de gobierno desde 1997: “Que el narco no existe en la capital, que sólo hay narcomenudeo”.

El Cártel de Jalisco Nueva Generación mostró músculo ante las acciones en su contra desde Presidencia en pleno Paseo de la Reforma, en la zona de Las Lomas de Chapultepec, la más lujosa de la Ciudad de México, la más poderosa económicamente, donde incluso viven muchos funcionarios de la 4T. Ya la CDMX puede presumir que no se queda atrás al tener como despertador una ráfaga de disparos, justo como en otros estados como Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Jalisco, Chihuahua, Tamaulipas y demá,s donde impera la violencia. 

Al hacer las indagatorias entre los detenidos contra García Harfuch, se dio a conocer que el armamento de alto poder había sido adquirido en la capital, que los sicarios habían sido contratados aquí, que el armamento se paseó libremente por varias demarcaciones, pasándose por alto a las autoridades y con plena impunidad. Al contrario de lo que pasaba en otras administraciones federales, donde se puede argumentar que todo era culpa de los gobiernos pasados, aquí hay que notar que ha sido el mismo grupo de izquierda que gobierna en CDMX desde 1997.

Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera, José Ramón Amieva y ahora Claudia Sheinbaum, han tenido conocimiento de la operación de diversos grupos delincuenciales en la que alguna vez se denominó “La Ciudad de la Esperanza”. Todos provienen del mismo grupo político y aunque con sus diferencias a lo largo del tiempo, todos tienen el mismo punto de origen; aquí no funciona echarle la culpa a las administraciones pasadas. 

La pregunta es: ¿Por qué ahora decide actuar el Cártel Jalisco Nueva Generación en contra de la 4T, en la ciudad que era la más segura y que siempre se consideró imposible que el narco operara allí? Valdría bien la pena hacer un pequeño recuento de los últimos meses.

El CJNG es la organización delictiva más poderosa del país. En los últimos meses, el gobierno federal le ha asestado diversos golpes contundentes a esa organización delictiva liderada por Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”. La extradición del “Menchito”, la captura de su hija y golpes a sus finanzas al congelarle mil 939 cuentas bancarias son sólo algunos antecedentes. En contraparte, el presidente Andrés Manuel López Obrador saluda a la madre de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, el fallido operativo del “Culiacanazo”, donde se dejó en libertad a Ovidio Guzmán e incluso versiones de que el mismo Chapo ordenó proteger al presidente en su gira por Sinaloa, son factores que pueden haber causado molestia en la organización de “El Mencho”.

¿Qué se trae AMLO y la 4T con el Cártel de Sinaloa? Con independencia de una posible complicidad, evidente por donde se le mire, llama la atención el acercamiento del Presidente con este cártel de la droga, sobre todo porque en otros momentos se ha negado a recibir a activistas sociales que desean plantearle peticiones justas y en beneficio del país.

Es posible que López Obrador esté negociando la paz de cierta parte del territorio que tiene bajo control el Cártel de Sinaloa, como una forma de desactivar la ola criminal que azota a buena parte del norte de México. En resumen, el Presidente está negociando con el narcotráfico para que le permitan gobernar sin violencia y demostrar que los abrazos funcionaron. Aunque no lo dice con palabras, sus actos hablan y son más elocuentes que su discurso. Pero al CJNG no le gusta estas negociaciones y da un manotazo de autoridad.

Ahora, al igual que con la pandemia, es muy probable que veamos en la Ciudad de México un choque de trenes a velocidad reducida; mientras Claudia Sheinbaum marca distancia con el gobierno federal para ir por su lado en el combate a la pandemia, por no compartir del todo los métodos, seguramente con este atentado contra su secretario de seguridad hará algo similar. Aunque no desatará la guerra en la ciudad, sin duda no seguirá la política de los abrazos, habrá de tomar medidas fuertes en los puntos donde tengan divisados a este cártel.

El distanciamiento entre los gobiernos federal y de la Ciudad de México no será tan evidente, pues para eso tienen el Consejo Político de Morena, para dirimir las diferencias allí y acusarse de las estrategias que unos siguen, y a otros de no seguirlas. Los líderes del partido han formado bandos y el cisma cada vez es más grande. Mientras ellos disputan a chanclazos, el CJNG pone los balazos.