México a través de la mirada de Julián Herbert

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Arantxa Ramírez. 

El escritor nacido en Acapulco el 20 de enero de 1971, quien posteriormente se mudó al norte del país, comparte sus reflexiones sobre la literatura. El ganador de el premio Elena Poniatowska 2012, por su novela Canción de Tumba (2011), habla de la situación que vive el país durante la pandemia. En una entrevista con El País, hace una radiografía sobre una escritura camaleónica que va de lo utópica a lo antropológico.

El escritor comienza hablando sobre el impacto visible que trae consigo la crisis sanitaria. El encontrar escasez en los estantes del supermercado llevan Herbert a una regresión de su infancia.

Encontrarnos en una situación complicada como es la pandemia -describe el ensayista- lo remonta a la crisis económica de los años 80 donde su familia perdió su casa, misma que nos hace darnos cuenta que el país vive en un ciclo que se repite, sólo cambia el nombre de la complicación; de igual manera habla sobre los presidentes que ha visto pasar por la silla, podría decirse que todos son iguales, lo distinto es el rostro, el ensayista comenta que la política en México “está podrida”.

Herbert fue inmigrante. Pero al final encontró un lugar a donde permanecer, y este fue el norte, no se vio seducido por la CDMX, comenta el escritor que encuentra cierta ventaja de vivir en la “periferia”, el tiempo, el enemigo del citadino no es una preocupación para el novelista, el lugar que eligió le da el beneficio de ir más lento.

“Es una zona que me produce muchas imágenes mentales. Y prefiero lidiar con el tráfico de Saltillo. Dos días del tráfico de Ciudad de México y ya me estoy asfixiando”, Herbert comenta sobre el norte y la influencia que tiene en sus escritos.

Dentro de estas ventajas también reconoce que el Fondo Nacional para la cultura y las Artes reconoce y apoya a artistas fuera de la capital.

“…no era solamente el paro de que te den una lana para trabajar, tener un ingreso, una entrada de dinero, sino la asesoría, la red de comunicación… Aunque se diga que el Fonca ha beneficiado mucho más al centro del país, creo que tuvo un efecto, para mi generación, muy importante.”
-habla el escritor sobre su carrera en un país centralista.

El escritor no sólo inmigró geográficamente, también lo hace en los géneros literarios, al principio fue considerado poeta, pero también se destaca en la novela y el ensayo. Relata que su vida diaria fue quien influyó esta característica; para empezar el habla inglesa que es común en Ciudad Frontera (donde creció) la encontraba también la televisión y en las calles y por otro lado la música, “de este lado de la oreja, rock todo el tiempo, porque es lo que había en la casa y lo que oía mi hermano mayor, y del otro lado, en el barrio, todo el tiempo cumbias…” comenta Herbert. También comenta que, al ser estudiante de letras, su trabajo se ve influenciado por esto en la construcción literaria, que se convierte en un tema de experimentar, el escritor hace la comparación con la literatura medieval que mezclaba poemas, historia con mayúscula y minúscula y novela.

Herbert contextualiza sus historias en el país, como en su texto La casa del dolor ajeno, que relata la masacre de chinos en Torreón, la violencia en el país no es una novedad y tampoco en la literatura, el escritor comenta que la impunidad es la que juega el papel importante en la cadena de violencia vivida en México, esta hace que buscar la narrativa de los hechos sea más complicada, incluso inexistente por la porque no hay un estado derecho. EL cronista intenta ponerle nombre y darle forma a lo que nadie cuenta con seguridad, en el texto incluye un pasaje de los asesinatos en Apatzingán y también menciona Ayotzinapa. También habla sobre la población mexicana que parece que se ciega a la realidad y busca romantizar la “güerificación”:

“Torreón es una ciudad hecha de migrantes que venían de México, que venían del centro del país. El 80% de ellos, gente muy pobre y desempleada como en cualquier ciudad que está en desarrollo.”, el cronista habla sobre su ciudad en términos reales. Un engranaje en la violencia del país es el racismo y la xenofobia que es algo que existe y decidimos hacer como que aquí no pasa y se convierte en opresión para los mismos habitantes. Nos convierte en amantes de la opresión.