David Pablos: entre la cinematografía poco ortodoxa y El Baile de los 41

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El cineasta tijuanense es considerado una referencia indiscutible respecto al nuevo cine mexicano. Ganador del Ariel en cortometraje y largometraje, así como representante en festivales internacionales, el egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica habla sobre su nueva creación, El baile de los 41.

Para David Pablos entablar una conversación con el espectador es un acto de provocación. Su filmografía es conocida por abordar temáticas que la mayoría rehúye, ya sea desde los recuerdos de la infancia que buscan una madre ausente, un núcleo familiar resquebrajado por una muerte, o bien la exposición de un amor torcido que lleva a la trata de mujeres.

Este singular tratamiento fílmico representa la mayor fortaleza del cineasta. Por consecuencia lógica El baile de los 41 no podía ser la excepción. Y es que la cinta que actualmente se encuentra en cartelera se ha anunciado como un claro intento por cambiar el apetito usual de las producciones nacionales, presentando no sólo el relato histórico sobre la redada llevada a cabo en la colonia Tabacalera, pero una reivindicación del escarnio público y homofobia que atravesó la comunidad LGBT+.

Para lograrlo, el cineasta recibió ayuda por parte de un historiador de cabecera, tanto para detalles de usos y costumbres, así como elaboró una investigación para obtener un mayor entendimiento de los personajes presentados: “Leí “El exilio: un relato de familia” de Carlos Tello y “El álbum de Amada Díaz” escrito por Ricardo Orozco, además de tener pláticas con ambos historiadores”.

La película se posiciona como el primer largometraje de corte histórico que el cineasta tiene a su mando. A diferencia de otros géneros cinematográficos, éste necesita un tratamiento especial que implica tiempo, estudio y planeación; antes de arrancar filmaciones se requirieron de tres meses para la preparación. Era vital que cada departamento -arte, fotografía, sonido, producción etc.- trabajara de tal manera que los esfuerzos en común llevaran a conseguir la toma ideal, una planeación monumental de todo el crew implicado.

Un aspecto del cual el director dice sentirse orgulloso se relaciona con la visión que tenía del filme, evitando crear una historia “acartonada o con tendencias hacia la teatralidad, quería una película arriesgada y que no fuera tradicional.”, recalcó David Pablos.

Con esto en mente, la labor con los actores estaba enfocada en crear vínculos de confianza, con un casting exhaustivo para conocer a detalle cada una de las personalidades de los personajes involucrados. El pudor debía irse, por lo que en un lapso de mes y medio los ensayos involucraron improvisaciones en “el salón de los fumadores”, acompañadas de clases de vals las cuales requerían de una “sintonía y sincronía grupal, lo cual fue determinante para la historia”.

La película narra historias paralelas, la primera haciendo referencia al desdichado matrimonio entre Amada Díaz (Mabel Cadena) e Ignacio de la Torre (Alfonso Herrera), mientras éste pasa un proceso de autodescubrimiento en el club de fumadores que con la llegada de Evaristo Rivas (Emiliano Zurita) supone un romance; la segunda explorando a los miembros del club y el ocultamiento que la época imponía a su sexualidad y expresión.

Temas como la homofobia, misoginia y machismo se entrelazan delicadamente mediante subtextos. “A partir de la subjetividad del personaje y sin caer en la caricatura, estos sistemas se hacen presentes. Lo hace con respeto y sin prejuicios.”, comentó el cineasta.

Si el espectador desea retornar a las salas de cine, debe conocer que no irá a presenciar un mero relato historiográfico pero una cinta que desea provocar. En palabras de David Pablos, El baile de los 41 busca dignificar a los personajes, así como mover al espectador intelectual y emocionalmente para celebrar a este grupo clandestino homosexual con respeto, “debemos voltear a nuestra historia para reflexionar el presente.”

Un estreno atípico enmarca a la película y aunque el regreso a las salas aún es un tema de debate por parte de los espectadores, cual sea la decisión lo único permanente es el anhelo por regresar a la pantalla grande, apreciar una película que consta decir es singular a las cintas que normalmente se exhiben en cartelera. David Pablos confía en la posibilidad de realizar más cintas de época y por lo pronto poder probar distintos géneros cinematográficos; en un futuro la crítica y el público conocerá más sobre el mundo ficcional que el director ha creado.