Mirada de mujer y el feminismo de señoras

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En la casa de mis padres solo había dos televisiones. Una en la recámara principal (que era la de ellos). La otra en una sala (no oficial) de ver televisión que todas las tardes mi madre ocupaba. Ya fuera para tejer, leer o planchar. En ocasiones de reojo miraba el televisor. En 1997 yo tenía nueve años. A veces me sentaba con mi madre. Sobre todo cuando caía la noche y gastábamos nuestros minutos esperando la llegada de papá.

Aunque mi memoria no es del todo clara tengo un claro recuerdo: Televisión Azteca presentaba en su horario estelas de las 21:00 horas «novelas disruptivas». De esas que los niños no podíamos ver.

Una de ellas era Mirada de Mujer, estelarizada por Angélica Aragón y Ari Telch, quienes «escandalizaban» por ser una pareja marcada por la diferencia de edades. Era ella como unos 16 años mayor que él.

Recuerdo que cada capítulo era una subida de tono. Escenas de sexo. Escenas con grandes debates sobre cuál era el papel de la mujer en la sociedad. Ojo, no en la casa. La búsqueda constante de emancipación de María Inés Domínguez Sáenz de Millán (Angélica Aragón) y de una lucha constante contra los cánones establecidos por la sociedad mexicana de ese tiempo. ¿O de este?

Para muchas mujeres se creía que el destino era (o es) quedarse en casa. Atender al marido. Exitoso o no. Hacerse cargo de los hijos y criarlos por el camino del bien. María Inés, sin embargo, ejemplificó que esos estereotipos salían sobrando en una década noventera ansiosa de entrar a la modernidad del Nuevo Milenio.

«Los hijos no crecen mejor porque la madre esté encerrada en su casa 24 horas. La casa no está más limpia por aspirarla todos los días. Además, ningún hombre merece que una mujer se sacrifique por él», le espeta en la cara a su madre, Elena Sáenz Viuda de Domínguez (Evangelina Elizondo), en una dramática escena en la que le reprochan el haber «salido» con su joven novio.

Los tres hijos de María Inés la culpan de haber terminado un «feliz matrimonio» de 27 años. Eso sí, nadie juzga al padre que antes de separarse ya tenía el reemplazo de una «mujer gorda de 50 años a la que nadie va querer», como describe «Mamá Elena» a María Inés. Un lindo mensaje de madre a hija.

Mirada de Mujer fue una escuela de actores. Soberbios. Imponentes. Respetando a los clásicos. Grandes histriones que supieron llevar al límite situaciones, hasta ese momento, impensables para la televisión abierta en México. Pero también para el feminismo.

Y María Inés demostró que el feminismo de señoras no está muerto. Demostró que el feminismo de señoras es romper con cánones, estereotipos y salir de las oscuras tinieblas de las salas donde se toma el té con el violentador. Una novela feminista que sacó de balance a muchos. A otros tanto les hizo abrir los ojos. A los niños, quizá, nos enseñó que hay más de una forma de vida. Pues sí, para eso son las telenovelas: para educarnos.

Nota: el próximo 2 de agosto Mirada de Mujer se volverá a transmitir por las pantallas de Televisión Azteca. Verá usted que el feminismo de señoras sigue siendo muy necesario.