Turismo espacial, la nueva (y egoísta) carrera por el espacio

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El 20 de julio de 1969 la Misión estadounidense Apolo 11 ponía a los primeros hombres en la luna. Neil Armstrong hacía historia y se convertía en el primer ser humano en pisar suelo lunar.

52 años después Jeff Bezos, el hombre que fundó un imperio gracias a Amazon y hoy el más rico del mundo, llegaba en su nave privada al espacio exterior. En un vuelo que duró menos de 15 minutos hizo historia. Al igual que Armstrong, dio un gran paso para la humanidad. Pero también por el turismo espacial. De paso por una nueva carrera para conquistar el espacio que motivó la Guerra Fría entre Estados Unidos y la extinta Unión Soviética.

Hoy esa carrera se da entre multimillonarios. A los nombres de Richard Branson y Jeff Bezos se le suma el de Elon Musk quien a final de año buscará poner una tripulación civil en órbita. Los tres tienen en mente una sola cosa: el turismo espacial. No tiene interés en la investigación por la vida extraterrestre. Tampoco (por el momento) de hacer algún tipo de colonización en un planeta medianamente habitable.

¿Egoísmo o sueños desmedidos? 

Pero seamos honestos: ¿cuántos de nosotros podremos o nos gustaría viajar al espacio? Virgin Galactic, la compañía espacial de Branson, estima que un vuelo de este tipo costaría cerca de $250 mil dólares. En México, tomando el dólar en 20 pesos al momento de escribir este texto, esta experiencia rondaría los 5 millones de pesos.

Branson incluso lanzó un mensaje optimista a los niños que, como él, «soñaron con ir al espacio». Sin embargo, si somos honestos debemos decir que un limitado sector de la población podría erogar una suma así para darse «el lujo de ir al espacio por unos minutos».

Soñar con tocar el cielo y atravesarlo no es algo malo. Pero la realidad que se vive en buena parte del mundo toca las fibras más sensibles del ser humano. Ha encontrado que la miseria, la violencia y el acceso inequitativo, incluso a servicios tan «básicos» como el agua potable, se han vuelto una constante. Un laberinto sin salida que se debate en posgrados. En palacios legislativos. En cámaras bajas y altas. Hay debates. Muchos. Lo que no hay son soluciones o propuestas a corto, mediano y largo plazos que ayuden a paliar tanta carencia.

Lo que Bezos, Branson y, próximamente Musk, lograron es de admirarse. Ciencia pura. Ciencia de la más avanzada. Esa ciencia que hoy también se requiere para seguirle haciendo frente a la pandemia por Covid-19. Pero también a enfermedades que llevan años estudiándose. Enfermedades que hoy parecen incurables. Lo que ya no parece imposible hoy es tocar el espacio.