Los frentes de AMLO: una prensa dividida y la necesidad de autocrítica

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La diatriba contra la prensa crítica en este sexenio ha rebasado muchos límites éticos. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha mencionado que aunque hay derecho a la libertad de expresión, no se valen las calumnias en contra de su gobierno. Esto se resume a la última confrontación de López Obrador con el periodista Carlos Loret de Mola quien exhibió los lujos del hijo mayor del titular del Ejecutivo Federal, quien radica en Houston, Texas.

Para López Obrador hay dos frentes en la prensa: los que apoyan su proceso de Transformación, porque no lo critican, y otro en el que está la prensa apoyada (desde su perspectiva) por grupos neoliberales o conservadores que critican todo. La realidad es que no se ve un justo medio entre dicha aseveración del mandatario. Y se tiene que decir: descalifica cualquier crítica contra su Gobierno, aunque haya argumentos que la sostengan.

Van cerca de diez conferencias mañaneras de febrero que las ha dedicado a la situación de la prensa en México. Desde su perspectiva él ve a grupos de élite detrás del impulso de los reportajes que exponen las debilidades de su gobierno. Más allá de que haya grupos que, hay que decirlo, sí tienen una agenda política, social e informativa propia, no hay una intención de AMLO de abrirse al debate. De hacer un análisis digno de un Jefe de Estado sobre lo que se dice de las acciones u omisiones de su gobierno.

Pero es más fácil usar la máxima tribuna del país en la que se ha convertido la Conferencia Mañanera para descalificar columnas, reportajes o cualquier información que sea incómoda, que ser receptivo y reconducir, cuando sea necesario.

Las respuestas parecen ensayadas y ya parte de un Manual de Crisis que, dicho sea de paso, está muy lejos de ser efectivo. AMLO, su equipo y sus millones de seguidores han profundizado la polarización en el país. Una palabra que ya en México suena a cliché, pero que tiene una carga simbólica e histórica que promete ser el inicio de una nueva lucha de clases.

No es sano para ninguna democracia encasillar a toda la prensa como parte de la mafia del poder o de grupos conservadores que «luchan por conservar sus privilegios». Aunque no es tampoco descabellada la hipótesis de una especie de experimento para medir la fuerza que aún ostenta en las calles y en las redes sociales. Hay que ver quién sale a defender, quizá piense el Presidente.

La realidad es sencilla: hoy son los buenos que quieren que el País se siga transformando contra los malos que quieren seguir conservando prebendas ganadas a base de poder y aprovecharse de los más vulnerables. Aunque luego de eso habría de preguntarse si esa transformación se ha quedado en mero discurso o es la nueva política pragmática que va emerger desde la base de la pirámide.