
Lo grabó con la Orquesta Sinfónica de Londres. Canto en árabe, inglés, francés, alemán, hebreo, italiano, japonés, latín, mandarín, portugués, siciliano y ucraniano.
Lanzó un par de consignas anti guerra por la invasión rusa a Ucrania. Podríamos estar hablando de un artista que ocupa primeras planas por sus declaraciones políticas.
Pero no, hablamos de una que en su cuarto álbum de estudio deja en claro que su música es una montaña rusa en la que cualquier pasajero cabe: Rosalía.
En Lux, nombre oficial del disco, nos presenta una Rosalia que no reniega de sus orígenes pero decidió llevarlos a otra pista. De hecho, parece que su nuevo álbum de estudio, que apenas a dos días de su lanzamiento ya está en el Top 10 de los más escuchados en Spotify a nivel mundial, es la antítesis de “Motomami”, donde se explora el caos y el esparcimiento, quizá de memorias, para que en “Lux”, se genere un espacio donde cada uno de sus elementos entrama una historia coherente. Quizá también debamos hablar de un divorcio y un renacer.
Una creación orquestal donde los primeros acordes de Berghain dan una muestra de lo que se escuchará a lo largo de 18 canciones. Experimentación en un estado puro, pero trabajado. En el ecuador de esta composición aparece una de las artistas que podría señalarse como la pionera de los sonidos experimentales y abstractos: Björk. Luego, hip-hop acompañado de violines de orquesta. El video, lanzado como sencillo antes del estreno oficial del disco completo, al momento de escribir estas líneas ocupa el puesto 24 a nivel mundial de los más vistos en YouTube. Tiene más de 24 millones de visualizaciones.
A lo largo del disco se percibe una suavidad que armoniza cualquier ambiente. Lo vuelve más terso y respirable. La pesadez queda atrás. ¿Dejó atrás el flamenco y el reguetón? Quizá. ¿Cómo se definirá esta nueva entrega musical? Aún es un misterio.
Lo que es una realidad visible es la capacidad de Rosalía de ir y venir por distintos sonidos. De coquetear con registros sopranos en alemán. De hacerse acompañar de una de las orquestas más cotizadas en el mundo.
Esta Rosalía también se baila, pero de modo distinto. Con tonos existencialistas en Dios es un stalker o Mio Cristo Piange Diamanti (en italiano), se encuentra con un Cristo a quien define como el huracán más hermoso y esa dualidad que representa. Primero hace el sacude el mundo y luego renace a su lado. Esa dualidad es la que representa la catalana en su carrera musical. Alguien que se deconstruye en cada letra hasta encontrarse con una versión precisa de sí para luego repetir el proceso.
Claro, sin olvidar que ahí también estuvieron Sílvia Pérez Cruz, Morente y Yahritza y su esencia.
Son 49 minutos de poesía. De letras que siempre encuentran destinatario. Y, sobre todo, de una manera de ver, entender y procesar ese binomio siempre presente en nosotros: música-vida. También, vida-música.
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